TRAS LOS VUELOS DE MEIRA DEL MAR, del aire y del amor.
Ella de origen libanés, con un ojo vigilante sobre el proceso en Palestina, yo, judía con una voz de defensa hacia un pueblo de la templanza del desierto coincidíamos en el amor por el verso, por el semejante y por borrar fronteras en el alma al sentir nuestra honda colombianidad hacer uso de su esplendor en la palabra. Cuantas veces nos unimos en diálogo, en presencias poéticas y en el afecto cuando risas y buen humor dejaban al descubierto nuestras almas en fusión. Meira y yo nos divertíamos como niñas pequeñas en el juego, así como lo hice con Matilde Espinosa y los sigo logrando con Maruja Vieira o Dora Castellanos, cuatro hermanas mayores entrañables que guardo en el centro del corazón, donde la seriedad de una conversación rompe su ritmo con la carcajada por una broma a tiempo o una pregunta indiscreta.
La última virgen se fue con un secreto compartido que le hice confesar en un trayecto entre Lorica y Cereté, en el anual encuentro literario que dirige Lena Reza, bajo la batuta de la palabra. Cada año cuando cierra sus persianas el tiempo sobre los últimos días del año acuden con afán y entusiasmo las poetas invitadas. Tuve la fortuna de gozar de varios encuentros gracias a la generosidad de su directora.
Ninguna de las poetas presentes en el auto pensó que me atrevería a hacerle la gran pregunta.
_Meira, no te vas a llevar el secreto a la tumba, verdad ?
Me miró como quien observa a un espanto.
_ ¿Qué quieres saber?
Confieso que mi travieso temperamento bien picarón sintió algo de rubor por lo que anhelaba escudriñar.
_ Miera, me muero de la curiosdidad pero ante tanta ternura y pureza que destilas deseo saber si fuiste tocada por un hombre.
Enrojecidos sus mejillas dejaron ver su pudor.
_ ¡No!, exclamó con la redondez que exige un rotundo no en la boca. Soy virgen... soltó al rostro de cada una de las ocupantes del carro al sacar a relucir su condición.
_ Yo lo sabía, grité en tono triunfal mientras me la comía literalmente a besos.
Las demás compañeras entre ellas, la poeta Margarita Galindo me pusieron cara de asombro mezclado entre risas por la ocurrencia.
Una extraña sensación me corrió por el cuerpo. Me resultaba indispensable conocer a ciencia cierta si tanta bondad en las palabras eran el resultado de un alma tan pura.
Por supuesto que no creo que la limpieza del espíritu radique en algún rincón de la piel, pero era evidente que en el caso de Olga Isabel Chams Eljach, nuestra insigne poeta, un rasgo de romanticismo extremo le rondaba el talento. Ella, con sus facciones de niña ya cercana a la muerte permitía entrever que sus versos eran el canto del mar, del amor, del aire y de cuanto elemento tuviese al alcance para nutrir su alma elevada que de caricias sólo supo a partir del poema. Mujer de altos vuelos poéticos, ya casi ciega vislumbrando sombras en su caverna, sacaba a relucir la luz de su paraiso interno donde le cabían todos los versos del Universo y la mano extendida hacia el vecino. Vate de hondos sentimientos hacia el prójimo, como el océano que fluía ante su mirada, siempre dejó entrever que su idioma respondía al de las sirenas en su gracia, portadoras de música y de encantos.
Meira no parte, cambia de vestimente, ahora en luz. Se peina nuevamente con las conchas de mar al afirmar su nombre en estela convertido. Anuncia que la última virgen en su escape final pinta en la memoria más metáforas y métricas que la Naturaleza en su furia para aclarar cielos. Su seudónimo, dado por Neruda, Meira del Mar unirá fuego y tierra, mar y cielo en el recuerdo siempre vivo de su obra y de su esencia en acción de inteligentes ternuras sembradas en todas las poetas que con admiración la vimos actuar en escenarios o en la vida.
Su aliento se hizo al viento de mejores aguas en la composición de sus virtudes, regadas por el mundo. Viva Meira, viva su poesía y viva su imagen dibujada en la sonrisa de todos los que la quisimos y la supimos gigante en verbo y en gracias tanto humanas como divinas. Meira en hebreo significa iluminadora. !Será coincidencia o simple profecía!
Mañana, en tu amada Barranquilla dejaré una piedra al costado de tus cenizas, como acostumbra el pueblo judío para honrar a sus muertos, sin flores pero bajo el rocío de un atisbo que se humedece ante tu partida.
Bella Clara Ventura

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